Chapitre 1 Espagnol
Le passé de Corian
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Chapitre 1 Espagnol
Couvs de Manchu
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D'un documentaliste
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TRADUCTION EN ESPAGNOL DES PREMIERES PAGES DU CHAPITRE 1 DES ABIMES D'AUTREMER

I


Trágico accidente
a la altura de Beta Pictoris

 

“¡Los once mil pasajeros y la tripulación del Tyranaël, la nueva y más extraordinaria astronave de la TransCorp, han vivido un espantoso viaje inaugural!. En efecto, esta tarde, alrededor de las 15 horas Unigalac, cuando el Tyranaël realizaba su primera travesía, una violenta explosión de origen inexplicado ha destripado la nave espacial”.

Informaciones Cosmonet


La vida parecía haberse refugiado en el objetivo. Cuerpos rotos como muñecas desarticuladas yacían por todas partes. Gritos de pánico subían hasta la volcam que filmaba la escena. La cámara volante flotaba dos metros por encima de los supervivientes. Delante de ella, en la estrecha crujía que conducía a los puentes de salvamento, los pasajeros se empujaban enloquecidos, el rostro pálido y los ojos desorbitados.

- Sandiane, sígueme! gritó Sten Ravna a su hija, aproximándose a ella.

La joven levantó la mano hacia el casco en forma de anillo que le rodeaba la frente. Quitó el visor del ojo derecho, no conservando más que el del ojo izquierdo. De ese modo podía continuar filmando todo al mismo tiempo que veía donde pisaba.

A su espalda, Biggy Borg, el operador de sonido, preguntó:

- ¿Qué conservo de todo lo que estoy viendo?

Caminaba un poco hacia atrás (reculaba) mientras que tres micrófonos anti gravitación evolucionaban por encima de Sten Ravna.

- Sandiane, selecciona en “la bouillie” – (que en su lenguaje coloquial podría significar “entre toda esa paja”) - , ordenó el gran reportero.

Por los mini micrófonos del casco incurvado cerca de sus oídos, Sandiane captaba todos los ruidos, incluso los más distantes. Su experiencia en los rodajes con su padre le permitió identificar inmediatamente lo que escuchaba: repetidas explosiones en el interior de los numerosos pisos de la astronave, agudos silbidos del aire escapándose al vacío por los ojos de buey rotos en su parte posterior, gritos de pavor de los pasajeros en el atropello del embarque de urgencia ...
Inundada de sonidos, la joven no se rindió sin embargo al pánico general. Protegió sus oídos con sus manos para filtrar mejor el entorno sonoro que su padre calificaba como “bouillie”. Por encima de ella, los altavoces del Tyranaël no cesaban de tronar: “Accidente, accidente... evacuación inmediata... nave en peligro de naufragio... Treinta minutos para una destrucción total... Evacuación, evacuación...”

- Conserva los gritos y las explosiones, le gritó a Biggy Borg ... elimina los silbidos y las llamadas de los altavoces, dominan demasiado. No comprenderíamos las palabras de los pasajeros. Nos hacen falta sus reacciones sin parásitos sonoros.

Como el técnico seguía con la mirada a una mujer enloquecida que pasaba corriendo estrechando a su hijo, Sten Ravna le cogió violentamente el brazo:

- ¡Biggy! ¿Has escuchado lo que ella te ha dicho? ¡Al trabajo!

- ¡Chrone, Sten! Gritó el joven liberando su brazo. ¡Quizás vayamos a quedar todos aquí y tú no piensas más que en la perfección del rodaje!

- ¡Ya lo creo!, replicó el periodista. ¡Primicia solo hay una! El Tyranaël explota el día de su crucero inaugural en pleno vuelo hiperespacial teniendo la fortuna de estar ahí y de tener a Sandiane conmigo... ¿No querrías que me pusiese a llorar?

- Porque ¿para ti es una oportunidad ver a tu hija en peligro de muerte?

- Es la mejor operadora de volcam que conozco. Una ganga en un reportaje como ése ¿no?

Sonrió cínicamente, y se le unió la sonrisa cómplice de Sandiane. El operador de sonido miró a la joven de hito en hito como si la viese por primera vez.

- ¿Quieres que te diga, Sandiane Ravna, que tú serás aún peor que tu padre? ¡En el futuro no habrá un gran reportero más ávido que tú!

A esta observación que ella interpretó como un cumplido, Sandiane asestó una amistosa palmada en el hombro del asistente.

- ¡Vamos, Biggy, cuídanos el sonido! Nuestro público tiene derecho a lo mejor, incluso ante semejante accidente.

Poniendo a mal tiempo buena cara, el técnico se concentró en su mesa mezcladora portátil. Sten se había alejado abriéndose paso a codazos entre los enloquecidos pasajeros.

- Sandiane! gritó por encima de la multitud, encuadras tu volcam sobre mi, sí o no?

- Si fallamos ese golpe, lanzó la joven al operador de sonido, va a arrojarnos al primer agujero negro que aparezca. Rápido, Biggy, despacharé las imágenes sobre el Rés en ...

- Consultó una minúscula pantalla encastrada en la caja de mandos que le cubría el antebrazo izquierdo.

- ... dos minutos.

A continuación volvió a elevar los ojos en dirección a su cámara.

- Para ti, Seeone... pronunció en el micro-tallo conectado a su casco. Altura: máxima. Ángulo de toma de vista: de arriba abajo, recto hacia delante!

Reaccionando a su número de código, la cámara volante obedeció instantáneamente. Subió de un golpe girando y casi se adhirió al techo. Sus imágenes, transmitidas por infrarrojos, aparecieron con una claridad perfecta en el visor de Sandiane.

- Impecable, mi dócil, murmuró la joven reportero dando un pequeño beso al micro.

Seeone encuadraba ahora el final del pasillo donde los náufragos se aglutinaban contra las puertas cerradas. Sandiane avanzó en medio del tropel. La gente, viendo su extraño casco, se apartaba y así consiguió reunirse con su padre.

- Son los Ravna! dijo alguien de entre el gentío. ¡Van a filmar nuestro salvamento!

- ¡Más bien van a filmar nuestra muerte!, gritó un hombre de rostro coloradote. ¡Vamos a quedar todos aquí! ¡Bravo por la TransCorp! ¡Ah! ¡Su Tyranaël tiene una marcha soberbia! ¡Ellos le decían invulnerable!

Sandiane echó un vistazo en redondo para identificar el rostro del hombre que hablaba. Su voz se escuchaba bien, su cólera sonaba justa, su rostro se parecía al, banal e inflexible, del señor Todo-el-mundo. Era perfecto.

Se volvió hacia su padre.

- Es preciso entrevistar al señor, dijo designando con un dedo al hombre enfadado. Atención, ahí vamos, conexión con la Rés en ... treinta segundos!

- Dónde está la volcam?

Sandiane señaló la cámara con un gesto del mentón. El aparato le devolvía en el visor, la imagen ideal de una multitud compacta, muerta de miedo delante de las puertas que no se abrían más que con cuenta gotas, para dejar pasar a los pasajeros en dirección a las chalupas de salvamento.
La joven, de un ligero toque sobre su caja de mandos, activó la doble cámara frontal encastrada en su casco. Bajó su visor izquierdo, pasó como un gran primer plano y, sobre la minúscula pantalla, la imagen de su padre se tornó instantáneamente clara. Ahora era suficiente con que concentrase su mirada, bien sobre el visor derecho, bien sobre el izquierdo, para enviar a voluntad sobre la Red las imágenes de su padre en primer plano o las amplias tomas de Seeone.

- Atención, dijo la chica a Sten, que se había aproximado al señor protestón para ponerle urgentemente un micro-botón. Cinco, cuatro, tres, dos, uno... Antena!

- Aquí Sten Ravna en directo en la Main World Net desde el Tyranaël en peligro de naufragio en el espacio cerca de Beta Pictoris. Señoras y señores, esto es el colmo del pánico...


OTROMAR, EN EL APARTAMENTO DE PAUL Y MEL MAGUELONNE...

En el momento en que Mel se conectó, el Tyranaël estaba en la agonía. El sistema-com de los Maguelonne, programado por Mel y regulado en función de “prioridad Uno” se había encendido repentinamente en la cadena transmitiendo el más sensacional suceso de la actualidad de los Cien Mundos. La pared-pantalla se iluminó con la inmensa silueta de la nave desmembrándose como un vulgar castillo de naipes. La oscuridad del espacio profundo podía verse alrededor de los restos del naufragio. Mel se sentó en un sillón.

- Sonido: más fuerte, ordenó al sistema.

Enseguida la voz del reportero invadió la estancia, saliendo de las paredes en multifonía.

“Estamos en una chalupa de salvamento y continuamos emitiendo desde este refugio tan precario para que no pierdan nada de la espantosa tragedia que tiene lugar en el Tyranaël”.

La imagen cambió y el rostro de Sten Ravna apareció en pantalla. El periodista estaba rodeado de pasajeros apretujándose los unos contra los otros. Algunos querían presentarse, empujando a los de la primera fila para entrar en el plano, otros saltaban in situ, en segundo plano, haciendo grandes aspavientos con los brazos.

“Todas las personas que me rodean, prosiguió el reportero, desean comunicar a sus familias que están sanas y salvas. Según las primeras estimaciones, el número de víctimas se elevaría a novecientas aproximadamente! Les recuerdo que el Tyranaël transportaba once mil pasajeros del planeta capital, Agora, en dirección de Carmyne vía Beta Pictoris. El accidente, debido probablemente a una explosión en los meta reactores, se produjo después de tres horas de vuelo UG. Según las últimas informaciones que hemos obtenido de la tripulación del Tyranaël, la nave más próxima de la TransCorp estaría en la Tierra, a cincuenta años luz, y se dispondría a despegar para venir a rescatarnos. ¿Pero cuánto tardará en llegar?”

El plano siguiente fue más amplio a fin de que los espectadores pudiesen ver las numerosas chalupas de salvamento que intentaban mantenerse las unas al lado de las otras esquivando los vestigios del Tyranaël proyectados por las explosiones.

Al cabo de un momento, un movimiento detrás de Mel atrajo su atención. Se volvió. Paul, su tío, acababa de entrar en el salón. Únicamente el estado civil permitía saber que Mel era el sobrino de Paul. Mel tenía diez y ocho años, y Paul veintiocho. Como vivían juntos y se parecían mucho, con su cabellera (pelo) morena y su sólida complexión, les tomaban a menudo por dos hermanos.

Paul Maguelonne miró la pared-pantalla dónde la imagen mostraba nuevamente la nave espacial naufragada.

- ¿Qué sucede?

- El nuevo modelo de la TransCorp acaba de transformarse en fuego de artificio en las proximidades de Beta Pictoris, respondió Mel.

- ¿Está alguno de los nuestros allí?

- No sé, esta mañana no he consultado los planes de vuelo. Es posible. Si así fuese vamos a saberlo. Un reportero de MWN y su equipo están emitiendo continuamente en la nave. Una catástrofe en live. Crees que no renuncian a nada...

Paul alzó los hombros suspirando. En el planeta Otromar, donde vivían los Maguelonne, los periodistas forasteros eran más bien poco apreciados. Otromar tenía sus propias redes de información. Sin embargo, ciertos Otromarinos, sobre todo los jóvenes, entre los que se encontraba Mel, no despreciaban conectarse a veces a la red de los Cien Mundos: la Rés.

De repente, una distorsión luminosa alumbró una parte de la pantalla. Mel y Paul prestaron atención de inmediato en un mismo impulso.

- ¿Cuál es? preguntó Mel en un soplo.

- Espera, aún no salió completamente del hiperespacio.

Una masa tomaba cuerpo en el haz de luz. Enseguida aparecieron los, cada vez más claros, contornos de una inmensa silueta gris recorrida de blancos destellos.

La voz de Sten Ravna resonó nuevamente en la estancia.

“Parece ser que una nave emerge del hiperespacio cerca de nosotros. Una valiente tripulación, sin duda alguna, que viene a salvarnos de una muerte casi segura.”

La voz se interrumpió un instante. La cámara no se apartaba de la nave extranjera que comenzaba a materializarse cerca de los cientos de chalupas de salvamento del Tyranaël.

“Me dicen que no debe de tratarse de una nave de la TransCorp, sino de una de otra compañía...”

- Bon sang! ¡Maldita sea!, juró Paul, después de todo este tiempo y aún no son capaces de identificar a uno de los nuestros por el halo luminoso que crea al emerger...

La gran silueta de la nave salvavidas se perfilaba claramente en la pantalla. Era inmensa: tenía cientos de metros de largo y pesaba millones de toneladas...

- Es Atan-koï! exclamó Mel.

- Fange de poulpe! rugió Paul. ¡Madery no me había dicho que iba a volar hoy!

El rostro de Sten Ravna se superpuso en pantalla a la enorme nave.

“Señoras y señores, está confirmado. La soberbia nave que ven y que viene a buscarnos pertenece al planeta Otromar. Es rarísimo ver a alguna de ellas tan cerca! Todos los rostros están sonrientes a mi alrededor y se relajan alzando gritos de alegría!”

Los hurras invadieron de pronto el salón de los Maguelonne y Mel tuvo que ordenar que bajasen el sonido.

“Estamos salvados, gritaba una mujer, es un Abîme, un Abîme...”

- UNA Abîme, corrigió Mel al tiempo que Paul se sentaba a su lado. Y no cualquiera, la nuestra, la mejor, la gran Atan-Koï! remató el joven con una sonrisa triunfal chocando alegremente su mano contra la de su tío.